miércoles 15 de octubre de 2008

De noche, amada, amarra tu corazón al mío

De noche, amada, amarra tu corazón al mío
y que ellos en el sueño derroten las tinieblas
como un doble tambor combatiendo en el bosque
contra el espeso muro de las hojas mojadas.

Nocturna travesía, brasa negra del sueño
interceptando el hilo de las uvas terrestres
con la puntualidad de un tren descabellado
que sombra y piedras frías sin cesar arrastrara.

Por eso, amor, amárrame el movimiento puro,
a la tenacidad que en tu pecho golpea
con las alas de un cisne sumergido,

para que a las preguntas estrelladas del cielo
responda nuestro sueño con una sola llave,
con una sola puerta cerrada por la sombra.

PABLO NERUDA

miércoles 8 de octubre de 2008

Robert Desnos

Haciendo una apreciación personal, La poesía de Robert Desnos siempre me ha evocado la lírica de Cesar Pavese. Existe en los dos un aliento existencial que se desborda entre el romanticismo y una sutil eroticidad de la muerte. De su vida cabe resaltar su amor por la cantante Yvonne Georg, para quien escribe la colección La liberté ou l'amour!. Pese al ímpetu de su amor, y gracias a la admiración que despertaba su musa, su relación se convirtió en un imposible; Como libre pensador, terminó alejándose del surrealismo del cual fuese un participe activo. Detenido por los nazis, murió en un campo de concentración en 1945.

    

LA FURTIVA

La furtiva se sienta en el pasto crecido 
para descansar de un recorrido agotador 
a través de un campo desierto. 
Perseguida, acosada, espiada, denunciada, vendida, 
fuera de toda ley, de todo alcance. 
A la misma hora en que se ponen las cartas sobre la mesa 
y un hombre dice a otro: 
«Hasta mañana». 
Pero mañana estará muerto o se habrá ido lejos. 
En la hora en que tiemblan las cortinas blancas en la noche profunda, 
cuando el lecho trastornado de las montañas 
abierto ante su invitada desaparecida 
espera a algún gigante de más allá del horizonte, 
la furtiva se sienta, se duerme la furtiva. 
No hagan ruido, dejen descansar a la furtiva 
en una esquina de esta página. 

Teman que se despierte, 
más enloquecida que un pájaro que se golpea contra los muros. 
Teman que muera en su casa, 
teman que pulverice todas las ventanas rotas, 
teman que se esconda en un ángulo oscuro, 
teman despertar a la furtiva dormida.


LA VOZ

Tan semejante a la flor y a la corriente de aire 
al curso del agua a las sombras pasajeras 
a la sonrisa vislumbrada aquella famosa noche a medianoche 
tan semejante a toda la felicidad y a la tristeza 
es la medianoche pasada alzando su torso desnudo por encima de las torres 
                                                    y de los álamos 
llamo a mí a los perdidos en los campos 
los viejos cadáveres los viejos robles talados 
los jirones de tela pudriéndose sobre la tierra y la ropa secándose 
                                                    a los alrededores de las granjas 
llamo a mí a los tornados y a los huracanes 
las tempestades los tifones los ciclones 
los maremotos 
los temblores de tierra 
llamo a mí al humo de los volcanes y al de los cigarrillos 
a los círculos de humo de los puros de lujo 
llamo a mí a los amores y los enamorados 
llamo a mí a los vivientes y a los muertos 
llamo a mí a los sepultureros llamo a los asesinos 
llamo a los verdugos llamo a los pilotos los albañiles los arquitectos 
                                                                    a los asesinos 
llamo a la carne 
llamo a la que amo 
llamo a la que amo 
llamo a la que amo 
la medianoche triunfante despliega sus alas de satén y se posa sobre mi lecho 
las torres y los álamos se pliegan a mi deseo 
aquellos se derrumban aquellos se desploman 
los perdidos en el campo se reencuentran al encontrarme 
los viejos cadáveres resucitan por mi voz 
los jóvenes robles talados se cubren de verdor 
los viejos jirones de tela pudriéndose en la tierra y sobre la tierra crujen 
                             por mi voz como el estandarte de la revuelta 
la ropa secándose en los alrededores de la granja viste adorables mujeres 
                                                             que no adoro 
que vienen a mí 
obedecen a mi voz y me adoran 
los tornados giran en mi boca 
los huracanes enrojecen si pueden mis labios 
las tempestades rugen a mis pies 
los tifones si es posible me despeinan 
recibo los besos de embriaguez de los ciclones 
los maremotos vienen a morir a mis pies 
los temblores de tierra no me estremecen pero hacen que todo se desplome 
                                                          a una orden mía 
el humo de los volcanes me viste con sus vapores 
y el de los cigarrillos me perfuma 
y los círculos de humo de los puros me coronan 
los amores y el amor tan largo tiempo perseguidos se refugian en mí 
los enamorados escuchan mi voz 
los vivientes y los muertos se someten y me saludan 
los primeros con frialdad los segundos con familiaridad 
los sepultureros abandonan las tumbas apenas cavadas y declaran que sólo yo 
                                        puedo mandar los nocturnos trabajos 
los asesinos me saludan 
los verdugos invocan la revolución 
invocan mi voz 
invocan mi nombre 
los pilotos se guían por mis ojos 
los albañiles sienten vértigo al escucharme 
los arquitectos parten hacia el desierto 
los asesinos me bendicen 
la carne palpita a mi llamado 

la que amo no me escucha 
la que amo no me entiende 
la que amo no me responde


LOS ESPACIOS DEL SUEÑO

En la noche están naturalmente las siete maravillas del mundo y la grandeza 
                                      y lo trágico y el encanto. 
Los bosques se tropiezan confusamente con las criaturas legendarias 
                                      escondidas en los matorrales. 
Estás tú. 
En la noche están los pasos del paseante y los del asesino y los del guardia urbano 
                                      y la luz del farol y la linterna del trapero. 
Estás tú. 
En la noche pasan los trenes y los barcos y el espejismo de los países donde es de día. 
Los últimos alientos del crepúsculo y los primeros estremecimientos del alba. 
Estás tú. 
Un aire de piano, el estallido de una voz. 
Un portazo. Un reloj. 
Y no solamente los seres y las cosas y los ruidos materiales. 
Sino también yo que me persigo o sin cesar me adelanto. 
Estás tú la inmolada, tú la que espero. 
A veces extrañas figuras nacen el momento del sueño y desaparecen. 
Cuando cierro los ojos, las floraciones fosforescentes aparecen y se marchitan 
                             y renacen como fuego de artificios carnosos. 
Países desconocidos que recorro en compañía de criaturas. 
Estás tú sin duda, oh bella y discreta espía. 
Y el alma palpable de la extensión. 
Y los perfumes del cielo y de las estrellas y el canto del gallo de hace 2000 años 
                 y el grito del pavo real en los parques en llamas y besos. 
Manos que se aprietan siniestramente en una luz descolorida y ejes que chirrían 
                                 sobre los caminos de espanto. 
Estás tú sin duda a quien no conozco, a quien conozco al contrario. 
Pero que, presente en mis sueños, te obstinas en dejarte adivinar en ellos sin aparecer. 
Tú que permaneces inasible en la realidad y en el sueño. 
Tú que me perteneces por mi voluntad de poseerte en ilusión pero que no acercas tu rostro sino cuando mis ojos se cierran tanto al sueño como a la realidad. 
Tú que en despecho de una retórica fácil donde la ola muere en la playa, donde la corneja vuela entre las fábricas en ruinas, donde la madera se pudre crujiendo bajo un sol de plomo. 
Tú que estás en la base de mis sueños y que sacudes mi alma llena de metamorfosis 
                       y que me dejas tu guante cuando beso tu mano. 
En la noche están las estrellas y el movimiento tenebroso del mar, de los ríos, de los bosques, de las ciudades, de las hierbas, de los pulmones de millones y millones de seres. 
En la noche están las maravillas del mundo. 
En la noche no están los ángeles guardianes, pero está el sueño. 
En la noche estás tú. 
En el día también.

ÚLTIMO POEMA 

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

A la mystérieuse (Corps et Biens)

martes 12 de agosto de 2008

En ti la tierra



Pablo Neruda, años treinta.
  
Pequeña rosa, rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece que en una mano mía cabes,
que así voy a cercarte y a llevarte a mi boca,
pero de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.

PABLO NERUDA

La noche cíclica



Jorge Luis Borges. 1969 Paris.


A Sylvina Bullrich

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).

No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo

que es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres

de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»

                                          
                                            JORGE LUIS BORGES

Dos formas del insomnio

  
¿Qué es el insomnio?
    La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.
    Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa.
   ¿Qué es la longevidad?
   Es el horror de ser en un cuerpo humano cuyas facultades declinan, es un insomnio que se mide por décadas y no con agujas de acero, es el peso de mares y de pirámides, de antiguas bibliotecas y dinastías, de las auroras que vio Adán, es no ignorar que estoy condenado a mi carne, a mi detestada voz, a mi nombre, a una rutina de recuerdos, al castellano, que no sé manejar, a la nostalgia del latín, que no sé, a querer hundirme en la muerte y no poder hundirme en la muerte, a ser y seguir siendo

JORGE LUIS BORGES

Los Justos

 
Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

JORGE LUIS BORGES

Las causas

 
Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

JORGE LUIS BORGES

martes 29 de julio de 2008

Raúl Gómez Jattin




"Porque no soy bueno de una manera conocida"

Suele hablarse de él como poeta maldito, loco desvergonzado, genio atormentado e incomprendido. Ciertamente fue todo esto y mucho más; El sufrimiento de un mundo inaprensible lleno de culpas y terrores que lucen los rostros de las personas que odio y amo. Cartagena estática frente al mar en un vaivén de sonidos y olores cuando hay brisa y cuando no. Raúl Gómez Jattin preguntándose por la ausencia, recomponiendo el mundo, el suyo, y deambulando por las calles rebuscando un grosero final; Aquella tarde en Cartagena, de las ruedas de un autobús se levantó para siempre un eco infinito de poesía de gaviotas, océano y tráfico cotidiano.


DESENCUENTROS

Ah desdichados padres
Cuánto desengaño trajo a su noble vejez
el hijo menor
el más inteligente
En vez de abogado respetable
marihuano conocido
En vez del esposo amante
un solterón precavido
En vez de hijos
unos menesterosos poemas
¿Qué pecado tremendo está purgando
ese honrado par de viejos? ¿Innombrable?
Lo cierto es que el padre le habló en su niñez de
libertad
De que Honoré de Balzac era un hombre notable
de la Canción de la vida profunda
Sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo


YO TENGO PARA TI MI BUEN AMIGO

Yo tengo para ti mi buen amigo
Un corazón de mango del Sinú
Oloroso
Genuino
Amable y tierno
(Mi resto es una llaga
Una tierra de nadie
Una pedrada
Un abrir y cerrar de ojos
En noche ajena
Unas manos que asesinan fantasmas)
Y un consejo
No te encuentres conmigo


LA SOLEDAD DE GOMEZ JATTIN

No sé donde arderás ahora corazón mío
Necesito entregarte siempre como esclavo      Pobre de ti
Es urgente que enfermes otra vez y otra vez
Qué voy a hacer contigo ahí desocupado
como estúpida biología                                Vamos deshazte
de tu pesadumbre y emprende vuelo
¿Qué te sugiere el momento? ¿Te gusta esa mirada
envejecida pero atenta de tu buena sobrina?
Ve y háblale de cuando lloró sin motivo
O cuando de la risa se orinó en los calzones
O mejor recorre el campo y siembra un árbol suntuario
O llévate cordel y navaja
y construye un barrilete y eleva con él
tu soledad hasta las nubes
No. No queremos los dos amigo mío hacer nada de eso
Queremos acostarnos otra vez sobre tu vientre
Pero esos tiempos han pasado                   Su cuerpo y su deseo
deambulan entre cines y bares de la urbe
enfebrecidos detrás de otros cuerpos y otros deseos
Y eso está bien                                            Es su vida sin nosotros
Tiene derecho también a un placer libre
Allí está sola la luna y no se muere           Solo está el viento
Tú me tienes a mí
Y a Nuestra Señora La Soledad de Gómez Jattin


CANCIÓN DEL AMOR SINCERO

Prometo no amarte eternamente
Ni serte fiel hasta la muerte,
Ni caminar tomados de la mano,
Ni colmarte de rosas,
Ni besarte apasionadamente
Siempre.

Juro que habrá tristezas,
Habrá problemas y discusiones
Y miraré a otras mujeres
Vós mirarás a otros hombres
Juro que no eres mi todo
Ni mi cielo, ni mi única razón de
Vivir,
Aunque te extraño a veces.

Prometo no desearte siempre
A veces me cansaré de tu sexo
Vos te cansarás del mío
Y tu cabello en algunas ocasiones
Se hará fastidioso en mi cara.
Juro que habrá momentos
En que sentiremos un odio mutuo,
Desearemos terminar todo
Y quizás lo terminaremos,
Más te digo que nos amaremos
Construiremos, compartiremos.

¿Ahora si podrás creerme que te
Amo?


DECLARACIÓN DE AMOR

Porque te cansas de estar sola,
De encontrar en tu cama
La sombra de la noche anterior.
Porque te mueres de mirar
Las parejas de casados
Que de alguna parte vienen.
Porque te desmayas de soledad.
Porque la casa está vacía.
Porque tienes jaqueca.
Porque los sueños luctuosos.
Porque los gatos del vecino.
Porque los niños con cabeza
                                        de pajarito.
Porque lloras al despertar.
Porque eres del sexo débil.            
Porque crees ser hermosa
                                       (y lo eres)
Como una puesta de sol.
Porque los ojos negros te vuelven
                                       Loca de remate
Por eso quieres que sea tu marido.

lunes 28 de julio de 2008

Poema 12



Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

PABLO NERUDA

Oda al secreto amor


Pablo Neruda y Delia del Carril en Isla Negra, Chile, 1939

Tú sabes
que adivinan
el misterio:
me ven,
nos ven,
y nada
se ha dicho,
ni tus ojos,
ni tu voz, ni tu pelo,
ni tu amor han hablado,
y lo saben
de pronto,
sin saberlo
lo saben:
me despido y camino
hacia otro lado
y saben
que me esperas.

Alegre
vivo
y canto
y sueño,
seguro
de mí mismo,
y conocen,
de algún modo,
que tú eres mi alegría.
Ven
a través del pantalón oscuro
las llaves
de tu puerta,
las llaves
del papel, de la luna
en los jazmines,
el canto en la cascada.
Tú, sin abrir la boca,
desbocada,
tú, cerrando los ojos,
cristalina,
tú, custodiando
entre las hojas negras
una paloma roja,
el vuelo
de un escondido corazón,
y entonces
una sílaba,
una gota
del cielo,
un sonido
suave de sombra y polen
en la oreja,
y todos
lo saben,
amor mío,
circula entre los hombres,
en las librerías,
junto a las mujeres,
cerca
del mercado
rueda
el anillo
de nuestro
secreto
amor
secreto.

Déjalo
que se vaya
rodando
por las calles,
que asuste
a los retratos,
a los muros,
que vaya y vuelva
y salga
con las nuevas
legumbres del mercado,
tiene
tierra,
raíces,
y arriba
una amapola,
tu boca:
una amapola.
Todo
nuestro secreto,
nuestra clave,
palabra
oculta,
sombra,
murmullo,
eso
que alguien
dijo
cuando no estábamos presentes,
es sólo una amapola,
una amapola.

Amor,
amor,
amor,
oh flor secreta,
llama
invisible,
clara
quemadura!

PABLO NERUDA